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Hace poco leí un artículo sobre un billonario ruso que buscaba ser inmortal. En el artículo trataron esta idea más o menos como la trate yo al leerlo, como una locura, propia de alguien que, como tiene muchísimo dinero, cree que puede conseguirlo todo. La inmortalidad es algo que se ha buscado durante siglos y siglos, y se han escrito muchas historias y leyendas sobre ella, como por ejemplo la leyenda de la fuente de la juventud (un tema tratado también en la cuarta entrega de Piratas del Caribe). Pero hoy he leído otro caso similar, y esta vez ya no es un billonario, sino que es un neurocientifico, y habla muy convencido sobre el tema.

No me extraña para nada que la comunidad científica lo tome por un loco más, pues muchos visionarios han sido tomados en un principio como futuros pacientes de psiquiátrico, pero muchos de estos visionarios han acabado teniendo razón y ha tocado pedir perdón y comerse las palabras, así que vamos a explicar un poco el asunto y cada uno que opine lo que crea conveniente.

Kenneth Hayworth, de 41 años, es el neurocientífico del que os hablo. Trabaja en la Universidad de Harvard y es un veterano del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. Según él, nuestro futuro es conservar nuestro cerebro, de forma similar a un ordenador, conectándolo a un robot. Es decir, Hayworth, quiere conservar sus 100 mil millones de neuronas, con sus más de 100 billones de sinapsis incluidas. Él cree que es posible vivir para siempre, y que pronto lo conseguiremos.

Hayworth interpreta las cosas así:

“Si el cuerpo deja de funcionar, empieza a comerse a si mismo. Lo que necesitamos hacer es cerrar el camino a esas enzimas que destruyen el tejido. Si todo va según lo planeado, seré un fósil perfecto y un día no muy lejano, mi conciencia revivirá en un ordenador”

Según este neurocientífico, en 2110 esta descripción de inmortalidad, más propia de la serie futurama y sus cabezas de famosos conservadas en tarros de cristal, será tan común como la cirugía láser ocular que usamos hoy en día.

Proyecto Conectoma Humano:

Haysworth es pionero en un nuevo campo de la neurociencia, la conectómica, una rama que estudia el mapa cerebral o conectoma, es decir, una descripción de todos los circuitos cerebrales de nuestro cerebro. Él cree que esta rama de la neurociencia será capaz de explicar la conciencia, la memoria o incluso las emociones, y que podrá curar enfermedades como el autismo, la esquizofrenia o el alzheimer como si fuera un mecánico, simplemente reparando el error en los cables.

Todo esto empezó en 1986, cuando los científicos fueron capaces de hacer un mapa o conectoma del sistema nervioso de un gusano llamado C. elegans, una criatura con solo 302 neuronas y unas 7.000 conexiones neuronales o sinapsis. Llegar hasta ese punto costó 12 años, y sigue siendo el único conectoma hasta la fecha. Si seguimos la misma proyección, con las mismas técnicas, hacer un conectoma de un milímetro del cerebro de un ser humano costaría un millón de años.

Por otro lado están los datos. El conocidísimo Proyecto Genoma Humano, donde se hizo un mapa de todos los genes del ser humano (alrededor de 26.000 genes), ocupa solo unos cuantos gigabytes. El posible mapa del cerebro humano o conectoma ocuparía un billón de gigabytes, según comentó en 2010 Jeff Lichtman, profesor de biología molecular y celular de Harvard junto a Kasthuri Narayanan, también de Harvard.

Finalmente, están las críticas. En resumidas cuentas, según J. Anthony Movshon, de la Universidad de Nueva York, opina que después de 25 años de haber hecho el conectoma de un gusano como el C. elegans, apenas comprendemos nada de su sistema nervioso, y lo expresa así:

“Sabemos que tiene las neuronas sensoriales que conducen a los músculos y  sabemos que el gusano se mueve de esta manera o de la otra. Hemos descubierto que algunas sustancias químicas producen una respuesta y otras sustancias causan la respuesta contraria. Sin embargo, el mismo circuito que lleva ambas señales ¿Cómo puede el conectoma explicar eso?”

Personalmente, creo que el Proyecto Conectoma Humano es bastante interesante, porque ayudaría a comprender muchísimas enfermedades cerebrales y, posiblemente, muchas enfermedades psiquíatricas. Incluso podríamos ser capaces de parar la degeneración de nuestro amado órgano. Pero de aquí a la inmortalidad veo muchas lagunas, y muchísimo menos en tan solo 100 años. Pero, quien sabe, puede que ahora mismo llamemos “loco” a este hombre y tengamos que comernos nuestras palabras en un futuro no tan lejano.

Vía: Daily Galaxy.

Imagen: Pijamasurf.