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A todos os habrá sucedido alguna vez: un músculo determinado comienza a dar señales de espasmo muscular (como a agarrotarse) ya que involuntariamente empieza a contraerse y acto seguido aparece el calambre. Como sabéis, no es una sensación extremadamente placentera, ya que algunos son realmente dolorosos.

Los calambres musculares pueden aparecer por distintas causas, como son enfermedades (hipotiroidismo, insuficiencia renal, alcoholismo…), por utilización de determinados fármacos, o por la práctica de ejercicio físico.

Cualquiera de los músculos que están bajo nuestro control voluntario (músculo esquelético) puede sufrir un calambre (un servidor recuerda haber tenedio un calambre en los músculos de la mandíbula tras un exagerado bostezo). Sin embargo, lo más común es sufrirlos en las piernas y los pies, y más concretamente en el gemelo o pantorrilla (el clásico calambre).

Pese a las diferentes causas que pueden hacer aparecer un calambre, nosotros vamos a centrarnos en los provocados por la práctica deportiva.

Y es que, para los deportistas, no existe otro problema tan intrigante como los calambres: pocas veces aparecen en un entrenamiento y muy frecuentemente durante una competición.  El problema de los calambres es que realmente, no sabemos con exactitud cuál es la causa. Aunque sí existen varias teorías:

  • La más popular dice que los calambres musculares tienen su origen en la deshidratación y/o en desequilibrios electrolíticos. Aquí sería necesario mencionar el papel fundamental de la alimentación pues un correcto aporte de fluidos así como de magnesio y potasio podrían prevenir la aparición de los molestos calambres. Sin embargo, no todas las investigaciones apoyan esta explicación: un estudio constató en más de 80 corredores que realizaron un maratón que aquellos que habían tenido calambres (15 corredores) no presentaban diferencia alguna con respecto a los corredores que no presentaron calambres, ni antes ni después de la carrera en el volumen sanguíneo ni en los niveles de sodio, potasio, bicarbonato, hemoglobina o hematocrito.
  • Algunos investigadores señalan a la ineficiencia biomecánica como la posible causa de los calambres. Si esta fuera la causa, el modo de prevenir el problema pasaría por mejorar nuestro esquema biomecánico así como por estirar y fortalecer de forma regular los músculos que tienden a sufrir calambres y sus antagonistas.
  • Otra teoría sugiere que los calambres aparecen cuando el organismo está utilizando proteínas como fuente de energía por falta de suficiente disponibilidad de carbohidratos. Esta teoría sugiere que habría que incrementar las reservas de carbohidratos antes del ejercicio y reponer los depósitos en el transcurso de actividades intensas y de larga duración.

¿Pese a todo, qué puedo hacer para prevenirlos?

Aún con la existencia de diferentes teorías, no parece estar de más hacer especial hincapié en realizar un buen calentamiento con movimientos dinámicos y ligeros estiramientos estáticos después del ejercicio físico (o incluso en horas libres). Un calentamiento gradual antes del ejercicio y una vuelta a la normalidad poco a poco también es aconsejable. Llevar una alimentación variada y rica en nutrientes así como una correcta hidratación antes, durante y después del ejercicio. De la misma forma, es importante evitar sobrecargar los músculos y respetar los tiempos de adaptación entre entrenamientos exigentes.

Aún así, si practicando deporte se experimenta ese agarrotamiento muscular previo al calambre, hay dos formas de evitar su inminente aparición. Una es disminuyendo el ritmo y reduciendo la intensidad de la actividad. La otra puede consistir en estirar y relajar el músculo afectado. 

Imagen| Vamos Rafa
Fuentes| The paleodiet for athletes

  • RobeX

    Me parece un blog muy bueno, gracias por estos articulos. Un saludo desde Málaga! Campanillas…