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El término simbiosis hace referencia a una relación estrecha que se establece entre dos especies. Si ambas obtienen un beneficio hablamos de mutualismo; si una obtiene un beneficio pero la otra se queda igual hablamos de comensalismo y si una especie obtiene un beneficio a costa de perjudicar a la otra hablamos de parasitismo. De hecho, muchas de las relaciones con tan estrechas que las dos especies se necesitan para poder vivir. Veamos unos cuantos ejemplos curiosos de relaciones positivas del mundo marino.

Relaciones simbióticas bajo el mar

Los simpáticos peces payaso (Amphiprion percula), viven entre anémonas. Nosotros ya lo vemos como algo normal pero sabiendo que las anémonas son medusas del revés, por así decirlo, y que por tanto son venenosas, este tipo de relación no deja de ser impactante. La piel de estos peces está recubierta de una especie de mucosa que impide que las células urticantes de la anémona se descarguen. Este tipo de asociación  mutualista  es muy común en aguas tropicales indopacíficas. Las anémonas ofrecen refugio a los peces y los peces mantienen limpia a la anémona y atraen víctimas para que puedan alimentarse. Como dato curioso deciros que “Nemo” es un falso pez payaso. Los verdaderos peces payaso son como los que vemos en la fotografía de la derecha, parecen iguales pero no lo son.

Y siguiendo con las anémonas, los cangrejos ermitaños del género Dardanus han establecido una relación mutualista con la anémona Calliactis parasitica. Las anémonas son animales sésiles, esto es que no se pueden mover, viven fijas a un sustrato. Gracias a vivir encima de la concha de estos cangrejos pueden desplazarse. A cambio, sus potentes tentáculos defienden al cangrejo de sus depredadores más temidos, como el pulpo.

 

 

El siguiente ejemplo es el que siempre me ha llamado más la atención, la relación entre el gobio de Luther y una gamba ciega. El gobio de Luther no posee las dotes adecuadas para cavar una buena madriguera. Este problema se lo resuelve la gamba, con sus potentes patas cava la madriguera y ella obtiene del pez a su propio lazarillo. Viven juntos en la cueva y salen juntos a buscar alimento. Las antenas de la gamba están en contacto con el pez y cuando éste detecta un peligro, le da un toquecito a la gamba y ambos huyen a la cueva. ¡No me digan que no es realmente curioso!

Y, por último, el ejemplo más llamativo: las estaciones de limpieza  que existen en los arrecifes, donde acuden muchas especies de peces o de otros animales marinos a que otros peces o crustáceos les limpien sus parásitos. Los que acuden a estas estaciones quedan libres de parásitos o de tejido muerto de heridas y a cambio los limpiadores obtienen alimento. En la imagen de cabecera podemos ver cómo la morena deja que el pequeño camarón limpie sus afilados dientes sin que a éste le ocurra nada. Es un ejemplo perfecto de este tipo de relación.

Hay otros muchos ejemplos de relaciones simbióticas positivas en el mar y en la tierra, esto es sólo una pequeña muestra.

 

  • Esther

    Muy interesante, pero por favor, dejen de utlizar el término “simbiosis” para asociaciones mutualistas, que crea mucha confusión.

    • https://twitter.com/MarinaParra85 Marina Parra

      Buenas tardes Esther

      Te doy toda la razón así que puntualizo para desvanecer dudas: el único caso de verdadera simbiosis es el de la gamba ciega con el gobio, el resto son relaciones mutualistas.

      Para despejar todas las dudas a los lectores, aclaremos que la diferencia entre una relación mutualista y una simbiosis es que, aunque en ambas hay un beneficio mutuo, el mutualismo es una relación más general que no tiene por qué ser durardera. La simbiosis como tal es una relación muy específica en el que ambas especies dependen la una de la otra y es permanente en el tiempo.

      Gracias por tu aportación :)