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La verdad es que siempre me había preguntado para que servían las vitaminas. Siempre oía a alguien decir eso de “el zumo de naranja tiene mucha vitamina C”, “come muchas frutas y verduras que tienen vitaminas” y un largo etcétera de expresiones sobre estas moléculas cotidianas, pero a la vez, desconocidas.

Porque, realmente, ¿para qué sirven las vitaminas? Sabemos de sobra gracias a la televisión, amigos, familiares o compañeros que son buenas para nosotros, pero veamos para que sirven y donde están exactamente las más importantes.

Para empezar en orden de abecedario, la vitamina A o Retinol tiene la función de capacitarnos con una buena visión nocturna y participa en el crecimiento de huesos, aparato reproductor, funcionamiento del sistema inmune… La podréis encontrar en verduras de colores (el ejemplo más conocido es la zanahoria).

Por otro lado tenemos las vitaminas B, donde encontramos de la 1 a la 12, pero solo os hablaré de 3:

La vitamina B1 o Tiamina, que se administra en forma de fármaco cuando hay déficit, pues su falta puede provocar “beri beri” (síndrome que puede afectar al sistema cardiovascular o al sistema nervioso) o neuritis alcoholica (Enfermedad de Wenicke). Podemos encontrar esta vitamina en la cerveza, hígado de cerdo, granos y semillas de cereales, legumbres y frutos secos.

 La vitamina B6 o Piridoxina participa en todas las reacciones metabólicas de los aminoácidos (componentes básicos de las proteínas). La falta de esta vitamina puede provocar anemia, pérdida de peso, convulsiones, depresión, neuritis y alteraciones de la piel. La podremos encontrar en carne, hígado, harinas y cereales integrales, semillas y frutos secos. 

La vitamina B12 o Cobalamina es necesaria para una correcto funcionamiento celular, hormonal y de neurotransmisores. Su falta provoca la llamada anemia megaloblastica o perniciosa, donde encontraremos glóbulos rojos más grandes de lo normal en sangre. La podemos encontrar en carne, pescado, leche y sus derivados.

La vitamina C o Ácido Ascorbico es un antioxidante. Su deficiencia provoca escorbuto, una enfermedad que altera el tejido conectivo, responsable de la unión entre las células. Es la típica vitamina que podemos encontrar en las naranjas.

La vitamina D o calciferol, a dosis normales favorece la absorción de calcio en el intestino, la formación o reparación ósea y la reabsorción renal. En definitiva, que haya una cantidad correcta de calcio en nuestro organismo. Su falta puede provocar osteomalacia (huesos blandos), raquitismo (falta de minerales en los huesos), o osteoporosi (huesos débiles y propensos a fracturas). La podemos encontrar en pescados grasosos (arenque, sardinas, atún…), pero casi el 90% de su absorción se debe a nuestra exposición al sol.

La vitamina E o Tocoferol es también un antioxidante que impide la formación de productos tóxicos de la oxidación células y se usa para retrasar el envejecimiento o en situaciones de estrés célular. La podemos encontrar en aceites vegetales, carne, aves de corral, huevos, fruta, verduras y aceites de germen de trigo.

Por último la vitamina K o Fitomenadiona es indispensable para la coagulación sanguínea, es decir, para poder curar las heridas de nuestro organismo. Su falta puede provocar hemorragias. La podremos encontrar en espinacas, coles de Bruselas, coliflor e hígado de toro.

Además que todos los alimentos nombrados, también existen los archiconocidos suplementos vitamínicos o los fármacos comerciales para combatir el déficit vitamínico de cada una de estas moléculas tan necesarias para nosotros.

  • loka barbara

    no me gusto mucho