Tendemos a pensar que los trastornos de la conducta alimentaria se reducen tan solo a la anorexia y bulimia (también conocidas en la web como “Ana y Mia“). Sin embargo, si nos fijásemos solo en estos, estaríamos cometiendo un gravísimo error. Son los más prevalentes, y por ello más conocidos, pero ni de lejos son los únicos.
Además, con el paso de los años y la aparición de nuevas costumbres (o viejas costumbres llevadas al extremo), han ido apareciendo otros tipos de trastornos alimentarios, unos más graves que otros: Drunkorexia (o no comer para emborracharse antes), Megarexia (obesos que se ven delgados y sanos), o la Ortorexia, de la que hablaremos hoy, y que con la obsesión de los últimos años en conseguir una vida saludable tiene muchas papeletas de generalizarse.
La ortorexia, de igual forma que otros trastornos de la conducta alimentaria, se trata de un comportamiento de tipo obsesivo centrado en la alimentación, concretamente en la búsqueda de una dieta saludable a toda costa, llegando a extremos enfermizos.
Dentro del trastorno se puede ver como el individuo deja de consumir alimentos que considera “peligrosos”, por considerarlos poco saludables, o porque han sufrido algún tipo de proceso industrial (contenido de aditivos como colorantes o conservantes, saborizantes o cualquier procesado artificial), incluyendo la exclusión de alimentos que contengan lácteos o incluso gluten (aunque sabemos que ni uno ni otro son productos dañinos a menos que tengamos intolerancia a la lactosa o alergia al gluten).
Además, la obsesión no se limita tan solo a la compra de los alimentos, sino también a su preparación de los mismos y a los materiales de cocina usados para ello.
Los individuos que tienen más riesgo de sufrir ortorexia son aquellos que ya de por sí tienen una personalidad de tipo obsesivo y meticuloso, con un orden exagerado en la vida diaria: Atletas de élite, culturistas, adolescentes o individuos de alto nivel socioeconómico se encuentran entre los que más papeletas tienen para acabar en ortorexia si tienen una personalidad de este tipo.
A menudo, por desgracia, aquellos individuos que sufren ortorexia muestran signos y síntomas similares a los trastornos de ansiedad, y pueden llegar a juntarse la ortorexia con otros trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia. Se trata de una obsesión extrema con una dieta perfecta, en lugar de con una figura o peso ideales. Si se transgrede la dieta, o no son los mismos individuos los que cocinan los alimentos, se siente culpabilidad y preocupación por la transgresión.
Entre algunos de los signos y síntomas podemos encontrar:
Como veis, a pesar de ser un trastorno menos conocido, puede ser grave e incluso llegar a ser mortal por la obsesión con la alimentación saludable. Además, puede confluir no solo con otros trastornos alimentarios, sino también con trastornos de ansiedad, depresión o trastorno obsesivo compulsivo.
El diagnóstico de la ortorexia pasaría por una serie de preguntas al respecto de los signos y síntomas que hemos mencionado anteriormente, como “¿gastas mucho tiempo pensando en qué comer?“, “¿gastas mucho dinero en alimentos o suplementos saludables?“, “¿te sientes obsesionado con lo que comes?“… entre otras muchas.
Normalmente un trastorno suele diagnosticarse como tal cuando todo este tipo de pensamientos llega a afectar de forma grave a nuestro día a día, teniendo consecuencias como el extremo del aislamiento social, o que nos cueste ir a comer fuera de casa por la obsesión de la comida saludable.
Seguidamente, el tratamiento de la ortorexia sería una combinación entre psicoterapia y farmacoterapia, individualizada según la gravedad del caso.
Finalmente, como consecuencias del trastorno, nos encontraremos con individuos que excluyen alimentos de forma extrema y exhiben un comportamiento irritable en consecuencia al aislamiento social provocado por su obsesión. Con el tiempo llegan a negarse a consumir ciertos alimentos como carnes o grasas, eliminando grupos enteros de alimentos, algo que puede acabar provocando graves carencias nutricionales sumadas al malestar emocional de base.
Para un ortorexico, la comida no es un placer, sino una forma de orden en la vida. Se empieza por intentar comer sano y esto acaba siendo perjudicial si se lleva al extremo. Es muy importante detectar el trastorno a tiempo para poder tratarlo y recuperar una conducta alimentaria normal, donde se consuman alimentos tanto por necesidad como por placer, pudiendo realizar dicho consumo junto a familiares y amigos.
No es malo intentar comer mejor y de forma más saludable, pero JAMÁS hay que eliminar grupos de alimentos enteros, y nunca está de más darse algún capricho puntual. Una forma de comer saludable nunca debe significar perder el gusto y el placer por comer. Si se llega a este punto, algo no funciona como debería.
Vía | Psych Central, Vitonica, Dmedicina.